Apuntes para un hombre de otro tiempo.

20 nov

No hay nada nuevo que decir.
Bajo fue de su parte utilizar el pasado que me supone para humillarme.

Yo soy la única con dominio sobre mis días pasados, sobre mis recuerdos.
Soy yo, la única con garantía para preguntarme por mis noches de antes.
No sufro de remordimientos, ni tengo porqué.

Soy mía. Y decido, he decidido, decidí.

No he tenido dueños, ni he sido dueña.

Así como hoy no le pertenezco a nadie. (Ni siquiera a ti)

Mi pasado no alterna con mi presente.

Lo vivido constituye lo que soy, más nadie grita derecho a recriminarme, a exigirme cuentas.

Las demás personas, sobre todo los hombres, se construyen un ideal de una y ni siquiera preguntan si una está de acuerdo, una qué siente, una qué quiere.

No digas que soy malaindecente.

No uses esas palabras, ni siquiera para la que fui.

Soy una mujer real.
Soy esta mujer.
Y para mi soy suficiente.

¿Crees merecer algo mejor porque consideras que vengo defectuosa?

Diré entonces que estás equivocado, y que puedes seguir tu camino sin mí.

De mí, no saldrán lamentaciones por lo hecho, ni golpes de pecho, ni lágrimas de arrepentimiento, ni la frente marchita, ni la mirada gacha, ni perdón ni disculpas.

¿Pedir perdón por lo vivido?
¿Pedir perdón por decidir?
Es tuya la cuestión.

No sufras por una vida ajena.

No sufras si yo me desvío del ideal de mujer perfecta que te has dejado meter en la cabecita, nené.

Tómame como soy.

Camina a mi lado ahora, sin pedir explicaciones, sin esperar que me justifique.

No vivo para llenar tus expectativas.

Vivo en consecuencia con lo que deseo, y eso es el derecho a vivir, a vivir por mi;  el derecho a equivocarme, a portarme mal, a ser mala gente.
No puedo concebir la vida como una sucesión de hechos incuestionables, intachables,

pienso que en algún punto vivir así implica cierta deshonestidad con una misma.
No vivo para los demás, olvídate.

No viví, ni vivo para ti.

Vivo para encontrarme, para conocerme, para descubrirme límites.

Por eso, te habrás dado cuenta, nunca soy la misma.

Cambio, y cuando quiero.
No señales, ni juzgues.

¿Quién eres tú, hombre pequeñito pequeñito,  para hacerlo?

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