El otro día escribiendo un post, me encontré frente a la duda de utilizar o no “una”, soy consciente de la injusticia del lenguaje con la memoria de las mujeres, pero haber escuchado pronunciar “una” en ambientes antes pesados para mi, entiéndase mamertos, me hizo tomar cierta distancia.
Así que lo utilizo aleatoriamente, quisiera hacerlo siempre, pero lo hago en las ocasiones que quiero enfatizar que es una Una y no un Uno.
Fito Páez dijo en Llueve Sobre Mojado (con Joaquín Sabina) “Uno y uno son demasiados”. Quiso decir, tal vez, ¿Una y uno son demasiados?, ¿podemos reclamarle?, o quizá pudo decir ¿Una y una son demasiadas?
Por imprecisiones como esta, se hace necesaria la utilización de todas las palabras que diferencien y distingan, que no invisibilicen, porque llega el punto que la generalización silencia, anula. Intentaré adoptar Una, sin que me suene jarto, sin que me suene mamerto. Que me suene como a las abuelas y demás señoras viejas, dignas.
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